De bomberos y pirómanos.

Me contaron hace tiempo una historia, que no se muy bién porqué, me viene ahora a la memoria y siento una cierta necesidad de compartir con alguien.

Fue un verano de esos calurosos y secos que solemos soportar por estos lares, y que debido a las extremas condiciones climatológicas, propiciaron incendios por doquier; cada día se tenía noticia de un nuevo incendio, cuyas llamas pavorosas arrasaban cuanto se encontraban a su paso y llegaron a poner en riesgo la vida de muchas personas, de los que vivían en las aldeas cercanas y de los que pasaban sus días de descanso al aire libre.

Los bomberos se emplearon a fondo para atajar las llamas, unas veces con éxito, otras con evidente fracaso, pero entregados a su tarea sin desmayo y con la inestimable ayuda de voluntarios que fueron presetnados en los noticiarios como un ejemplo de buenos ciudadanos.

Nada de particular, podréis decirme con razón, en esta historia que se repite con más frecuencia de la que todos desearíamos, desde los tiempos aquellos del “cuando un bosque  se quema, algo suyo se quema”. Se investigaron las causas, se tomaron medidas, se prometieron mejoras… en fín lo de siempre.

Pero lo que hizo que este verano se me quedase en la memoria como uno muy singular, fue una notica aparecida en un periódico de provincias, que daba cuenta del arresto de unos guardas forestales como sospechosos de haber provocado los incendios. Si  mi memoria es todo lo fiable que a mi me gustaría que fuese, los guardabosques fueron encontrados culpables y en su defensa declararon que habían provocado los incendios porque esto les aseguraba el trabajo para próximas temporadas, en otras palabras, que habían actuado acuciados por un estado de necesidad, ya que la ausencia de incendios les dejaría sin trabajo.

En el fondo esta historia tenía una lógica interna indiscutible: Para poder apagar fuegos, no hay nada como provocarlos. 

Lo que ya no está demostrado es que estos Guardianes de las Esencias de la Madre Naturaleza  (GESMAN), convertidos en pirómanos ocasionales por un estado de necesidad, llegasen a pedir la dimisión del jefe de bomberos por no haber sabido como apagar el fuego, y reclamar su derecho a ser ascendidos a bomberos, tras destituir a los anteriores por su evidente fracaso en prevenir y apagar el fuego.

Y veo que con este ya van dos los artículos en los que no hablo de política, pero prometo que enseguida me pondré a ello pues la cosa  “está que arde”.   

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