El Coñazo ( con perdón).

Las mujeres y los hombres que venimos defendiendo desde hace tiempo las aspiraciones del movimiento feminista, nos hemos quejado en múltiples ocasiones del uso sexista de la lengua.

Y no es esta una questión valadí, pues la lengua, en contra de lo que muchos y algunas creen, no es un ente neutro, ajeno a las luchas sociales o políticas; muy por el contrario, la lengua es un instrumento más de las posiciones ideológicas en los diversos ámbitos de la actividad social. Lo explicaba muy bien George Orwell en “1984” , con lo que él llamaba el “Newspeak”.

Todas y todos conocemos miles de ejemplos en los que la lengua transmite, casi sin darnos cuenta, realidades machistas. Una de estas formas, ámpliamente denunciada, es el modo en que se utilizan palabras coloquiales, con evidente carga de género, y donde irremisiblemente, lo femenino tiene un caracter peyorativo y lo másculino positivo.

Así decimos de un tipo que es un “pájaro”, si queremos significar que es listo, hábil, etc. y si de una mujer decimos que es una “pájara”, pues su reputación no sale muy bien parada. Otro tanto nos ocurre con el “zorro” y la “zorra” y así una larga lista que quien más quien menos, podrá completar a nada que haga memoria de expresiones coloquiales, en las que las palabras masculinas se refieren a realidades positivas y las femeninas tiene una evitdente connotación negativa.

El record de todas estos  pares de expresiones coloquiales, por lo que tiene de explicito, de uso de palabras  relacionadas con los organos genitales másculino y femenino respectivamente, donde la carga de género deja de ser sutil, dejando nitidamnete claro que para la mentalidad machista todo lo masculino es positivo y lo femenino negativo, se lo lleva esta linda pareja de adjetivos: “Cojonudo” versus “Coñazo.

La verdad es que a mi se me escapa porqué lo estupendo, lo maravilloso, lo más de lo más, tiene que ver con los testículos, mientras se relaciona a los órganos genitales femeninos con la palabra aburrido: nunca lo he entendido.

Y esto es lo que tengo que reprocharle a Rajoy: que utilice lenguaje machista, porque en lo de que un desfile militar es “aburrido” , “pesado”, “muermo”, “insulso”, “trasnochado” “soporífero”, etc, si que estoy de acuerdo.

En lo de la hipocresía, ya no lo tengo tan claro; es verdad que el año pasado nos llamó a todos los españoles ( supongo que a mi también, pero el caso es que como soy de provincias no pude ir a ver el desfile de marras porque me quedaba un poco a trasmano) a presenciar con entusiasmo el desfile militar.  Para muchos ese llamado del año pasado se contradice con lo dicho a su camarada Arenas en la intimidad.

Qizá no mintió ni antaño ni ogaño, quizá estaba inflamado de genuino ardor patriótico el año pasado cuando, con bandera nacional en el decorado, nos invitaba a todos los españoles (gracias Don Mariano, por lo que a mi me toca) a acudir al evento, y quizá ya entonces pensaba que era “un coñazo” (con perdón). Pero claro esta teoría puede aún ser peor ya que entonces la hipocresía se trocaría  en sadismo, y la verdad no lo veo yo con el cuero y el látigo.

En definitiva: cuidadín con esos micrófonos, que los conecta el diablo.

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