Ley Electoral (Nos están robando II).

Al conocerse la noticia del fiasco de la Reforma de la Ley Electoral, desoyendo no solo la más elemental lógia democrática, sino  algo mucho más tangible como el informe del Consejo de Estado, se produjo tal alubión de artículos en esta blogosfera, que llevó a Inés Sabanés a hablar de la REBELIÓN EN ILOVEIU, y a algunos compañeros a hacer una laboriosa recopilación de los post que se escribieron sobre el tema. Los medios (arte y parte en el culebrón del bipartidismo ) pasaron de puntillas sobre el asunto y tan sólo alguna revista digital como nuevatribuna.es se hicieron eco de nuestros comentarios. 

He de reconocer que , llevado por el más que explicable enfado, orienté todas mis críticas al daño que tal ley nos viene haciendo a la izquierda desde la transición, y dejé de mencionar otros aspectos perniciosos de dicha norma legal, dando así una impresión de victimismo que no hubiera deseado.

Porque la verdad es que las víctimas de esta injusticia son múltiples y de muy diversa índole, destacando en primer lugar la propìa democrácia: si cada voto no vale igual en según que circunscripción y sobre todo, a según que opción política se vote, la democrácia se resiente en uno de sus pilares fundamentales cual es el principio de que cada ciudadan@  un voto y que todos y cada uno de nuestros votos tienen el mismo valor. Sin mencionar el efecto disuasorio que para muchos votantes tiene la consideración de que votando a la opción deseada, si esta no es una de las dos mayoritarias, su voto se traduce en la elección de un representante al que el ni ha votado, ni tenía la más mínima voluntad de hacelo. Una de las causas del cada vez mayor número de  ciudadan@s que optan por  la abstención en las votaciones, podemos achacarlo a este fenómeno, sin lugar a duda. 

A lo expuesto anteriormente cabría añadir que este sistema tendente al más descarado bipartidismo, no representa la diversidad de opciones y pensamiento de los ciudadanos, que por tanto, se distancian cada vez más de las instituciones democráticas, al no ver reflejadas en ellas las opciones que libremente han elegido, y que es fácil deducir, tiene la perversa consecuencia del descrédito de la política entre sectores muy ámplios de la población, que no se ven representados en las instituciones.

Se pued argumentar que no es esa la causa principal que explique el aumento del índice de la abstención, sino que fenómenos como el de la corrupción tienen mucho más que ver; pues bién, aún dando tal argumento por válido, yo señalaría que el sistema de alternancia que supone el bipartidismo, es un elemento favorecedor de dicha lacra, al menos potencialmente y desde luego a una menor represntación de la sociedad en las instituciones y a un decreciente papel del movimiento asociativo, correponde una mayor posiblidad de escapar a los controles de los ciudadanos.

No se si muchos estarán de acuerdo conmigo, pero a mi me parece que es claro que el bipartidismo  que de facto sufrimos en el panorama político acual, está en la base de la “crispación” protagonizada por PP- PSOE, especialmente en las dos últimas legislaturas y que no tiene otro objetivo que ocultar los debates que interesan a los ciudadanos, tras esa cortina de humo que suponen los temas que ellos ponen artificialmente en la escena, y que se cargan de elmentos emocionales y propagandísticos y no de ideas y razonamientos.

Y es que la llamada “crispación”, es elemento necesario para mantener la tensión entre sus potenciales votantes, resucitando así una de las más negras tradiciones de nuestra histoia reciente y a la que la Generación del 98 se refería como “Las Dos Españas”; tradición que , se nos repitió hasta la saciedad, había quedado definitivamente enterrada con el “Espíritu de la Transición”. No seré yo quien entre a juzgar aquí y ahora si de verdad la transición tuvo o no tal efecto, pero lo que si es evidente es que tras unas décadas de diasfrutar de un cierto nivel de cordura y moderación en la vida pública y en el debate de ideas , a medida que se ha ido afianzando el bipartidismo, ha ido aumentando, en paralelo, el nivel  de crispación.

En resumen, no solo nos roban los escaños a los votantes de IU y cualquier otra opción política minoritaria de ámbito estatal, si no que nos están robando una democrácia de calidad, en la que la ciudaanía, toda ella, se sienta cómoda y además se están introducciendo elementos perversos en la vida pública de consecuencias imprevisibles a menos que los propios ciudadanos, liderados por la izquierda, logremos romper el bipartidismo y generemos un estado de opinión que fuerce a trabajar por una democracia de verdad.

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